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Pablo Martín: "¿Por qué subir impuestos?"

BlogSocialistes | 16 Setembre, 2009 09:14

La ya anunciada subida de impuestos la pasada semana, ha deparado numerosos artículos que se han pronunciado a favor o en contra de la misma, según la confesión política del rotativo y/o autor en cuestión, o bien de sus intereses particulares, en ocasiones, muy confusos con la anterior.

Es evidente que el aumento impositivo siempre supone, a priori, una medida impopular, especialmente en unos instantes en los que muchos ciudadanos tienen verdaderos problemas con sus economías domésticas, pero no es menos cierto que un análisis de cuáles son los motivos de esta polémica decisión conlleva su aceptación casi inmediata.

Durante la pasada legislatura y a principios de la presente, en una etapa de crecimiento económico sin precedentes en nuestro país, se produjeron decisiones en sentido contrario, tales como la deducción de 400 € del IRPF, sin prácticamente restricciones de ningún tipo para las rentas más altas, así como la introducción de una prestación económica de pago único de 2.500 € por nacimiento, también sin progresividad alguna. Asimismo, se suprimió el impuesto sobre patrimonio y se redujo el impuesto sobre sociedades del 35% al 30 y del 30% al 25, según el tipo de entidad mercantil y su actividad económica.

Junto a otras reformas que se llevaron a cabo, el Gobierno actuó según establecían las teorías económicas más irrefutables de aquel entonces, hoy puestas en entredicho cuando no directamente repudiadas. Es decir, en etapas de crecimiento, para incentivar e impulsar éste aún más, es recomendable una disminución de la presión fiscal, si bien algunas de ellas fueron introducidas con un marcado componente social, algo ya no tan habitual.Realizando un sencillo ejercicio matemático, se concluye que si se produce una bajada de impuestos, pese a que en un principio todos los ciudadanos se ven beneficiados, aquellos que más ganan resultan más favorecidos en términos proporcionales, ya que su poder adquisitivo aumenta comparativamente con el de los que tienen rentas inferiores. Cuanto mayor es la capacidad económica, más distancia respecto de los otros. Precisamente por ello, la progresividad impositiva es una de las herramientas fundamentales de un Estado social, para impedir que se produzcan desequilibrios aun mayores de los que ya existen.

Es lógico, pues, que quienes más agraciados resultaron por las medidas aplicadas en época de bonanza, sean quienes ahora hayan de soportar una mayor presión fiscal. No sólo por que ello contribuye a una distribución más justa de la riqueza, sino que, por otra parte, ésta se antoja como absolutamente necesaria si además se persigue el objetivo de no disminuir las prestaciones sociales para las clases más desfavorecidas, algo que es un compromiso ideológico irrenunciable del partido socialista.

Sería incomprensible que en una coyuntura en la que las ayudas y subsidios están más justificados que nunca, éstos se redujeran a costa de no gravar las rentas de quienes menos los necesitan.

Por otra parte, la alineación de los partidos conservadores con las tesis de los colectivos que podrían verse afectados por esta subida impositiva ha sido inmediata.

Dentro del particular estilo que lo ha caracterizado en los últimos años, el Partido Popular se ha apresurado a mostrarse contrario a esta medida pero sin aportar una sola alternativa que no sea completamente antónima a la del PSOE. Eso sí, sin justificar cómo bajando impuestos podrían sufragar las prestaciones sociales con la disminución de la recaudación que se ha producido en los dos últimos años, y, por otra parte, intoxicando a la opinión pública haciendo creer que todos los ciudadanos se verán afectados por la modificación.

Es necesario pues, definir lo antes posible en qué consistirá esta reforma fiscal para acabar de una vez por todas con las especulaciones en una y otra dirección. Resulta intolerable que en un momento delicado como el que nos encontramos, se pretenda engañar a los ciudadanos bien por ignorancia propia o, lo que es mucho peor, con pleno conocimiento de causa y con el único objetivo de obtener un rédito político aunque sea a costa de la inocencia de los demás.

Pablo Martín
Dipuado Socialista del Congreso

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